Olivo y su historia

Se afirma que cuando los cartagineses desembarcaron en las Baleares no sólo traían consigo armas sino también el árbol del olivo. Hoy día, estos árboles de verde perenne que nos ofrecen su fruto, la aceituna, y que se transforman con los siglos en figuras fantásticas llenas de nudos, son una fuente importante de empleo y un adorno irreemplazable de la isla.

Ningún otro árbol ha llegado a poseer a lo largo del Mediterráneo un significado tan mítico como el del olivo remontándonos ya al final del diluvio, cuando la paloma trajo a Moisés en su pico una rama de olivo, convirtiéndolo así en un símbolo de la reconciliación y de la paz definitiva.

Posiblemente la eficaz fuerza del olivo tenga que ver también con su fama de que pueden alcanzar una longevidad casi bíblica. Las formas más caprichosas podemos encontrarlas en los ejemplares más antiguos, donde los troncos han tomado formas tortuosas y enredadas que semejan figuras, cabezas, narices o postes, a veces incluso aparecen completamente huecos reducidos a su esqueleto.

Esta aura tan visual frente a la cual nuestra percepción no tiene límites constituye la singularidad del olivo. Su tallo nudoso no sólo es causa de su antigüedad sino también del ataque de un hongo que pudre algunas partes que han de ser retiradas con el hacha. El vigor imperecedero del árbol ayuda a una curación de sus heridas relativamente rápida, en cuyo proceso se originan formas que dan a menudo la impresión de que la criatura grita desde su interior el dolor y el sufrimiento causados por el hacha.

Las plantaciones de olivos de Mallorca se concentran en un terreno complicado en la Serra de Tramuntana. En Caimarí, situado en la carretera de Inca al santuario de Lluc, se encuentra uno de los centros de explotación de olivares. Este pequeño pueblo de no más de 700 habitantes pertenece al ayuntamiento del Selva y casi cada uno de los que viven en él ha tenido alguna vez en sus manos el aceite de Caimari para utilizarlo en la cocina aunque, como dicen muchos mallorquines, es una lástima utilizarlo para freír. Ha de utilizarse en las ensaladas y en el Pa amb Oli, el pan sin sal untado en tomate que se come con queso o jamón serrano.

Hasta los años cincuenta el aceite de oliva fue un importante artículo de exportación, aunque en las últimas décadas el cultivo del olivo ha decaído constantemente. El aceite mallorquín es considerado demasiado calórico entre unos consumidores que cada vez se preocupan más por su alimentación. Por otro lado, los altos gastos de producción, sobre todo en comparación a las grandes superficies de cultivo en Andalucía, han ido arrinconando cada vez más la explotación del olivo, todo ello unido a la entrada cada vez más fuerte del producto proveniente de Italia, Grecia y Portugal en el mercado local.

La Fira d’Oliva fue un gran éxito y una buena publicidad para el aceite en Caimari. Miles de visitantes se agolparon en la plaza y en las calles que la rodean para contemplar allí también el trabajo de un carbonero. La estructura agraria mallorquina constaba originariamente de un sistema total en el que las actividades individuales se complementaban mutuamente. El carbonero no sólo limpiaba los bosques, sino que también recogía las ramas de los olivos que habían sido podados. La venta de carbón vegetal que obtenía de las enormes hogueras mantenía a la familia.

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