Pollença, una razón más para volver

 

Pollença se muestra desde su lado más hermoso cuando se la contempla desde el alto de la ermita de Nuestra Señora del Puig. Por ello comenzaremos con la vista desde esta altura de unos 300 metros sobre la pequeña ciudad y sus alrededores.

Los ciudadanos de Pollença se sienten con razón orgullosos de su ciudad: las cumbres de la Sierra de Tramuntana con sus estribaciones que descienden hasta Cap de Formentor, las fértiles planicies y el mar constituyen el tan descrito escenario de Pollença. La fertilidad de sus campos y el municipio han dado lugar desde siempre a una agricultura muy productiva.

El desarrollo de Pollença está estrechamente unido a la historia de Alcúdia. Cuando Quinto Cecilio Metelo conquistó la isla para Roma en el año 121 a.C. desembarcó en el actual Puerto de Alcudia y describió una rica y floreciente colonia a la que llamó Pollentia, aunque la capital de la Mallorca romana era la actual Alcudia. Esta es posiblemente la razón por la que en Pollença, a diferencia que en Alcudia, existen pocos testimonios del dominio romano. El puente romano del Torrente de Sant Jordi fue construido en el año 500 d. C., en una época en la que el imperio romano ya casi se había extinguido. La conquista árabe cambió el nombre de Pollentia en Al Kudia, “la colina”.
Cuando a partir de 1400 los ataques de los piratas se hicieron cada vez más insoportables, la población de Alcudia abandonó la ciudad para refugiarse en las montañas. En recuerdo a la Pollentia romana la nueva población recibió el nombre de Pollença.

Hoy día el lugar cuenta con una población de 15.000 habitantes. Cada 2 de agosto tiene lugar la gran batalla entre moros y cristianos. Los ciudadanos del municipio recuerdan así el ataque de los piratas en el año 1550, a quienes los pollensinos rechazaron con éxito. Como héroe de la batalla destacó Joan Mas, quien venció en la lucha al corsario otomano Dragut. La tumba del vencedor de este cruento combate puede ser visitada en el convent.

El convento de los Dominicos es uno de los monumentos más visitados de esta pequeña ciudad. En el claustro del Convent de Sant Domènec encontramos un monumento a Philip Newman, fundador en 1962 el famoso Festival de Música de Pollença.

La pequeña capilla de Roser Vell fue la primera iglesia de los dominicos, quienes la construyeron en 1406 con motivo de su establecimiento en el lugar.
Pero hay más iglesias en Pollença. La primitiva iglesia parroquial pertenece a las primeras que se citan ya en el año 1248 en los archivos de Roma. En el siglo XVIII los pollensinos construyeron en su lugar la actual parroquia de Nostra Senyora dels Angels. La iglesia de Montesión fue construida por los Jesuitas en el siglo XVII, desacralizada tras su expulsión de la isla y restaurada a finales del siglo XIX gracias a la iniciativa del poeta Miquel Costa i Llobera, que vivió de 1854 a 1922.

Pollença es una pequeña ciudad encantadora, una lograda mezcla de antiguo y moderno en la que se encuentran la originaria Mallorca tradicional así como lo urbano de la burguesía.

Se podría contar aún más, como por ejemplo, sobre la Escola Pollensina a la que pertenecía Dionís Bennàssar, sobre la orden templaria o el Museo Marti Vicens. Este lugar en el noroeste de la isla es muy rico en historia e historias, una razón más para volver.